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No. 13
Octubre de 2007
Este año, para darle un mayor valor e integrar la conciencia de conservación de la naturaleza, los invitamos a hacer en familia los disfraces con materiales reciclados, dejando volar la imaginación. Aquí les damos algunas sugerencias.
El 31 de octubre es una fecha especial para desarrollar la creatividad de los niños de forma económica y fácil de hacer aprovechando los materiales de desecho y la ropa vieja que tenemos por ahí guardada.
Los niños por naturaleza son aventureros, curiosos e inquietos; elegir un disfraz para ellos no es tarea fácil. Lo ideal es ofrecerle opciones. Los disfraces son un buen recurso educativo y por lo tanto merece un tratamiento especial. Si lo que se pretende es que el “día de los niños” tenga un significado especial para su hijo, comience haciendo con él su propio disfraz. Será una labor interesante e importante para el desarrollo del niño. Le hará disfrutar con el trabajo individual y colectivo. Deje que su hijo exprese sus deseos en cuanto al disfraz. Al final será él mismo el quien lo va a usar.
Para los valientes tenemos el de vaquero el de pirata, para ambos se necesita un pantalón, una camisa blanca y un chaleco. El garfio se puede hacer con cartón forrado con papel aluminio y el parche con un pedazo de tela negra y un elástico para ponérselo, el cinturón se hace con cartulina negra y la hebilla con papel de color dorado, por último se pintan unos bigotes negros, al vaquero le agregamos un sombrero y listo.
Otra opción son las máscaras de papel que permiten un sinfín de posibilidades creativas. Se necesitan bolsas de papel, recortes de papeles metalizados y lanas de varios colores, cartulina, pegante, un lápiz, témperas y pinceles.
El procedimiento es sencillo: sobre un lado de la bolsa, con la abertura hacia abajo, se dibujan con lápiz los detalles de la cara del personaje elegido: la nariz, los ojos, la boca. Intentando que la cara quede divertida; puede resultar interesante agrandar los rasgos para exagerarlos e incluso repasar los trazos con pintura negra, así la máscara tendrá mayor vivacidad.
Luego, se recorta la boca (si la bolsa es lo suficientemente grande se puede incluso cortarla en los costados para pasar los brazos). Es importante que los cortes de la máscara coincidan con los del niño que la usará, pues le servirán para respirar cuando la tenga puesta.
Es muy fácil decorarla: depende del gusto del niño y de los accesorios que le quiera agregar, se pueden pegar en la cara los recortes de papel e ir complementando todos los detalles. Se puede adornar con recortes de lana a modo de bigotes o cabellera, ponerle un lazo, en fin, todo lo que se le ocurra. Finalmente, se pega cartulina en la parte interna de la bolsa, una de cada frente, para que la máscara se sostenga.
También se pueden usar cajas de cartón como base e igualmente decorarla a manera de máscara. Se pueden pintar con témperas o colores. Y a los que prefieran no usarlas se pueden pintar la cara directamente. De ahí salen indios, robots, princesas, gatas, osos, conejitos, hadas y todos esos personajes fantásticos que viven en la mente de los niños.
¿Qué tal una momia envuelta en papel higiénico? o ¿un mago con una camisa larga del papá y un sombrero en cartulina?
¡A poner en marcha toda la imaginación para que nuestros hijos puedan celebrar el día de los niños!
Catalina Escobar Guzmán
Promotora de Programas
Instituto de La Familia
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